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Sella Nocte: el arte de encontrar belleza en la oscuridad

La banda mexicana acaba de lanzar “Noctis”, su álbum debut, un viaje íntimo y acústico que nace de la nostalgia de la noche y promete convertirse en un refugio para quien se atreva a escucharlo.

Hay nombres que son destinos. Sella Nocte lo sabía desde antes de existir. “Sella” (silla, en latín) y “Nocte” (en la noche): la combinación anticipaba una historia que la banda mexicana lleva años construyendo en silencio, casi como quien talla una silla de madera a mano, sin prisa, sin ruido, con la certeza de que el resultado hablará por sí solo.

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Esa historia está a punto de tener su primer capítulo formal. Noctis, el álbum debut de Sella Nocte, llega lanzado el pasado 28 de septiembre de 2026 a todas las plataformas digitales, precedido por “Kairós”, su sencillo más reciente.

Un proyecto que nació de la necesidad de decir algo propio

Sella Nocte no surgió de un plan de mercadotecnia ni de una audición televisada. Surgió de algo mucho más terrenal: la necesidad. Alexis Gómez (voz), Isaac Sánchez (guitarra), Javier Hernández (bajo), Josh Rodríguez (batería) e Ivo Olguín (piano y teclados) venían de una etapa interpretando covers en foros, bares y eventos locales. Tocaban lo que el público pedía, lo que la noche exigía. Pero en algún punto, la pregunta se volvió inevitable: ¿y lo nuestro?

La transición hacia las canciones originales no fue un salto, sino una convergencia. Fue en ese tránsito donde la integración de Ivo Olguín y su piano otorgó el toque emocional definitivo que bautizó y consolidó a la banda. Como si el instrumento hubiera estado esperando su lugar, el piano se convirtió en el eje de una atmósfera que hoy define a Sella Nocte: melancólica, íntima, suave, natural.

La noche como refugio

El nombre de la banda no es un capricho estético. Sella Nocte se fundamenta en la nostalgia de la noche, ese momento específico donde uno se encuentra más vulnerable, a solas con sus sentimientos, pensamientos y recuerdos más profundos. Es la hora en que las máscaras caen y el silencio se vuelve confesionario.

Esa vulnerabilidad, lejos de ser un peso, se convierte en el material con el que la banda construye su música. Sus canciones nacen de lo más profundo del alma, transformando la melancolía y la introspección en paisajes que tocan fibras íntimas. Cada canción es una invitación a descubrir que en la oscuridad también hay belleza, y que cada emoción, por más densa o dolorosa, puede transformarse, puede trascender.

El nombre de la banda ya anticipaba esta historia: Sella, la silla; Nocte, la noche. Un lugar para sentarse a oscuras y sentir.

Noctis: un disco grabado desde la vulnerabilidad

Si hay una palabra que define a “Noctis”, esa es vulnerabilidad*. El álbum es un acercamiento más acústico, personal e íntimo para Sella Nocte, como si estuviera grabado en la soledad de una cabaña, lejos del ruido del día a día. No hay prisa, no hay estridencia, no hay concesiones al mercado. Hay canciones que nacen de una razón propia, tan personales para cada uno de sus compositores que, al juntarlas, forman un álbum donde la banda muestra su lado más frágil: sus pensamientos, sus valores y, sobre todo, quiénes son.

La identidad visual del disco se construyó en el bosque, buscando la misma calma e introspección que atraviesa el álbum de principio a fin. Los árboles, la penumbra, el silencio verde: todo remite a esa búsqueda de quietud que la banda persigue desde sus primeras canciones.

Influencias sin encasillamientos

Preguntar por el género de Sella Nocte es casi una trampa. La banda no se encasilla, y prefiere describirse con sensaciones antes que con etiquetas: melancolía, intimidad, suavidad, naturaleza. El piano juega un rol crucial para cimentar esta atmósfera, donde las letras nacen de vivencias personales e interpretaciones del entorno.

Más allá del género, la banda busca recrear las atmósferas inmersivas y emotivas inspiradas por artistas como Coldplay, Delta Sleep y Keane, donde cada canción busca ser un consuelo en situaciones difíciles. No se trata de imitar, sino de aprender de esa capacidad de envolver al oyente, de hacerlo sentir acompañado incluso en la soledad.

Un ritual, no un concierto

Quien haya visto a Sella Nocte en vivo lo sabe: sus presentaciones no son para saltar desenfrenadamente. Son, en palabras de la propia banda, un ritual para cerrar los ojos y conectar con uno mismo. El objetivo no es la catarsis colectiva del grito, sino la introspección compartida, el silencio cómplice, el momento en que una canción te encuentra y te dice algo que no sabías que necesitabas escuchar.

El crecimiento orgánico de la banda ha ido consolidando su impacto escénico, teniendo su show más significativo hasta la fecha en el foro Núcleo Emergente. No ha sido un camino de multitudes, sino de personas que se quedan, que vuelven, que traen a alguien más.

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Lo que viene

Con “Noctis” ya sonando en plataformas, Sella Nocte se prepara para dar el paso que separa a una banda local de una propuesta con voz propia. No hay certezas, no hay fórmulas, no hay promesas de éxito. Hay, en cambio, algo más valioso: un puñado de canciones honestas, construidas desde la noche, desde la silla, desde ese lugar donde todos, en algún momento, nos sentamos a solas con lo que sentimos.

Sella Nocte suena a melancolía, sí. Pero también a consuelo. Y en tiempos donde el ruido lo invade todo, una banda que se atreve a bajar el volumen y decir “ven, siéntate, escucha” es, quizás, exactamente lo que necesitábamos.

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