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Amy Winehouse nació un día como hoy de 1983 en Londres, Inglaterra. Admirada por su voz contralto, una voz privilegiada; bella a su manera, de melena larga y negra, creció influida por una familia aficionada al jazz.

Estudió actuación. Sin embargo, la influencia musical le hizo formar parte anteriormente de un grupo de rap, con tan solo 10 años. Luego a los 13, con una guitarra en mano, comenzó a componer. Ya de adolescente tocó en algunos bares, su éxito era mediano, pero su gran talento le abría puertas.

Nick Godwyn, un manager musical tuvo en sus manos una demostración de su trabajo y enseguida lo supo. Amy grabó Frank, su primer álbum y su carrera comenzó a ascender. Su estilo de tatuajes, su acento, su bagaje musical la hacían brillar, pero su talento musical era lo que realmente la hacía explotar los escenarios.

Cuando salió Back to Black apenas y se podía creerlo. Las composiciones eran geniales, la letra a destacar. Gustó tanto que Amy Winehouse no volvió a representar lo mismo. 

Winehouse, sin embargo, era una persona complicada. Voluble, indisciplinada y con tendencia a las adicciones. Sus conciertos comenzaron a ser opacos cuando no desastrosos. Ella comenzó a decaer por sus problemas con las drogas y el alcohol. Cabe destacar que ella intentó rehabilitarse, hasta llegó a desintoxicarse y tomar pastillas contra el síndrome de abstinencia, en vano.

La londinense murió por ingerir una cantidad exagerada de alcohol. Fue encontrada sin vida en su departamento, en Londres, el 23 de julio de 2011. Lo bueno siempre acaba rápido.

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