
La contrabajista mexicana estrena Bahía, un álbum donde el paisaje, la memoria y la improvisación libre se entrelazan en una sola toma. Hablamos con ella sobre el disco, el silencio y por qué el jazz mexicano está mirando al Pacífico.
Hay discos que se escuchan y discos que se habitan. Bahía, el nuevo álbum de la contrabajista y compositora mexicana Karen Zárate, pertenece a esa segunda categoría. No es un disco que se consume: es un disco que se respira. Y no es una metáfora gratuita. Todo en él —las texturas, los silencios, la manera en que los músicos se escuchan entre sí— remite a un lugar concreto: la Bahía de Banderas, ese conglomerado de playas entre Jalisco y Nayarit donde Zárate creció y donde, de algún modo, sigue volviendo cada vez que toca.
Lanzado el 13 de septiembre de 2026 a través de Pesticide Free Music, Bahía es un álbum de improvisación libre y free jazz compuesto por siete piezas grabadas como una sesión ininterrumpida de dos horas. Sin partituras. Sin ediciones. Sin red. Tomas únicas, como si el estudio fuera un escenario y el escenario, el mar.
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La geografía como método
No puede separar lo que toca de donde viene Zárate. La bahía es un lugar que se mueve todo el tiempo. Hay días en que el mar está tranquilo y días en que está brusco, y uno tiene que aprender a tocar con eso, no contra eso. Eso es la improvisación libre para mí: escuchar lo que el entorno te está proponiendo y responder.
Esa filosofía se traduce en un disco que no busca la resolución, sino la conversación. El ensamble —Adrián Escamilla en voz, saxofón tenor y soprano; Enrique Camacho en bajo eléctrico con efectos; Pablo Loaiza en batería; y la propia Zárate en contrabajo— se formó en Pizza Jazz Café, el foro de Escamilla donde Zárate fue artista invitada regular entre mayo y agosto de 2026. De esas noches de complicidad nació la química que sostiene el álbum.
Dos bajos, dos voces, un mismo río
Uno de los hallazgos más singulares de Bahía es la interacción entre los dos bajos: el contrabajo acústico de Zárate y el bajo eléctrico con efectos de Camacho. No se trata de una simple superposición de capas graves. Los dos instrumentos intercambian funciones constantemente: uno sostiene la base mientras el otro se lanza a la melodía, luego se invierten los roles, luego los dos hacen base, luego uno u otro lidera los cambios de centro tonal. Es un diálogo que, paradójicamente, también dirige a los demás.
Esa tensión es la que hace de Bahía un disco que se mueve entre la calma y la tormenta. “Canto al Sol” abre con la voz de Escamilla y el silbato de Loaiza, una imagen casi cinematográfica de un amanecer en la costa. “Bahía”, la pieza central, se sumerge en un mar brusco, con oleaje alto, fauna y una población que resiste al desplazamiento. “Cima” es un solo de Camacho dedicado a la caminata por las montañas de la región, ese momento en que uno llega arriba y se aplaude a sí mismo. “Bosque de Niebla” captura el ecosistema intermedio de Jalisco, ni bosque ni selva, un punto suspensivo. “Noche” cierra con la oscuridad absoluta de Cruz de Huanacaxtle, donde no hay alumbrado público y las estrellas fugaces se ven caer.
La escena que viene
Bahía llega después de *Impulso* (2025), el EP con el que Zárate presentó su primer acercamiento a la composición abierta al frente del Karen Zárate Quartet —con Enrique Jiménez en saxofón alto, Katzer Suárez en piano y Juanito Romero en batería—, y que estrenó en vivo en Rebel Rebel, CDMX, como parte del festival ORJAZZM el 7 de marzo de 2026, con un sold out de 200 asistentes. Ese mismo año, Zárate fue estudiante becada de Rodney Whitaker, el reconocido contrabajista y educador estadounidense, y su proyecto AGUA/LLUVIA fue seleccionado en la Bienal de Ruido de la Escuela Nacional de Antropología e Historia 2026.
Pero más allá de los reconocimientos, lo que distingue a Zárate es su manera de entender la música como un acto colectivo y efímero. Su sello distintivo es la creación de escenarios o fragmentos abiertos en lugar de composiciones estrictamente cerradas, lo que permite que cada presentación sea irrepetible. Bahía se grabó precisamente así: como una sesión de dos horas sin interrupciones, fiel a la manera en que el proyecto se presenta en vivo.
Un disco para escuchar con los ojos cerrados
Bahía no es un disco fácil. No busca hooks ni estribillos. Pero tampoco es hermético. Es un disco que invita a escuchar de otra manera: con atención al detalle, a los silencios, a la manera en que los músicos se responden unos a otros. Es, en cierto sentido, un documental sonoro de un lugar y un momento.
El estreno en directo fue el 20 de septiembre de 2026 en Mae’s Clab, en la colonia Narvarte de la CDMX. Y aunque el disco ya está disponible, Zárate insiste en que la experiencia completa solo ocurre en vivo.
Y eso, al final, es lo que hace de Bahía algo más que un álbum: una invitación a perderse. A escuchar el mar en un contrabajo. A imaginar que el jazz mexicano tiene una costa, y que esa costa tiene una voz.
Karen Zárate Quartet: El impulso colectivo que redefine el jazz contemporáneo en México
Bahía ya está disponible a través de Pesticide Free Music. Fotografía de portada: Scarlett Camacho, tomada el 12 de mayo de 2026 desde el faro de Cruz de Huanacaxtle. El ensamble se presentará en vivo el 20 de septiembre en Mae’s Clab, CDMX.

